Andres V. Almiña Negrete

Cuando no estás

 

Me has hecho falta.

Voy a tu cuarto a darte un beso y no te encuentro.

Quiero ir corriendo a abrazarte y veo una cama tendida y vacía.

Y es entonces que me doy cuenta de cuánto puede decir una habitación cuando quien la llena de vida no está. Un vacío.

Quisiera encontrarte para sacarte una sonrisa, o una mala cara, o hacerte una broma, de esas que quizá te molestan un poquito, pero que a mí me hacen feliz.

No se puede, no puedo hacer nada, porque tú no estás. Demasiado silencio. Me haces falta. ¡Mi chiquita!

Y me quedé con las ganas de verte y darte un beso de buenas noches. Solo el tiempo dirá que extraño hasta escucharte vociferar.

Te extraño... mi pequeña.

Estás creciendo muy rápido. A veces quisiera detener el tiempo, volver a cuando eras más niña, cuando bastaba con abrir una puerta para encontrarte allí, cuando podía abrazarte sin preguntarte si tenías tiempo, si estabas ocupada o si ibas a salir.

Ahora creces, tienes tus propios caminos, tus propios sueños, tus propios lugares donde ir. Quieres salir tan rápido que olvidas compartir con quien te dio tu existir.

Y yo, como padre, aprendo poco a poco que amar también significa dejarte caminar. Debes comprender que no es fácil. Es la verdad.

Pero aunque crezcas, aunque cambien tus pasos, aunque algún día estés muy lejos, para mí siempre habrá una parte de ti que seguirá siendo mi pequeña.

Te amo... tu padre.

Te veo mañana. Te quiero. Descansa. Y cuídate. Te espero mañana. Dormiré en el sofá y estaré atento a la ventana para abrirte y verte un día más.

Donde quieras que vayas, vive, aprende, ríe, sueña, conoce el mundo, haz tu camino...

Pero solo regresa completa.

Es mi consigna. Estés alerta.

Regresa con tus sueños intactos, con tu sonrisa, con tu corazón en paz y con la certeza de que aquí siempre habrá alguien esperándote.

Porque no importa cuánto crezcas, ni cuántos caminos recorras, ni cuántas noches pases lejos...

Mientras viva, yo te espero.

Y cuando regreses, quizá vuelva a tu cuarto a darte ese beso que hoy me quedé con las ganas de darte.

Porque un padre puede acostumbrarse a que sus hijos crezcan, a que salgan, a que tengan su propia vida...

pero nunca se acostumbra a que le hagan falta.

Te amo, mi pequeña.

Tu padre.

A.V.A.N.