Donde termina la noche
Mis manos llegan a ti
como llega la lluvia a la tierra sedienta,
sin preguntar,
sin otra certeza
que la de encontrarte.
Y tu cabello cae sobre mis dedos
como una noche tibia,
como un río oscuro
que conoce el camino
hacia mi pecho.
Nos acercamos lentamente,
con esa antigua ceremonia
de dos cuerpos que se reconocen
antes de decir sus nombres.
Tu boca encuentra la mía
y el mundo pierde sus bordes.
Afuera continúa la noche,
pasan los árboles,
respira la ciudad,
alguna estrella permanece despierta.
Pero aquí, entre nosotros,
solamente existe
este instante.
Tu respiración junto a la mía,
tu corazón golpeando
como una pequeña puerta
que alguien abre desde dentro.
Te abrazo
y siento que el tiempo se deshace,
que la distancia se vuelve inútil,
que todo lo que fuimos antes de este momento
queda lejos,
como una playa después de la marea.
Hay en tu piel
una claridad que no viene del cielo.
Y cuando tiemblas entre mis brazos,
comprendo que amar
también es esto:
perder por un instante
la soledad que llevamos dentro
y descubrir,
en el cuerpo del otro,
un lugar donde la noche
puede quedarse a dormir.
Quédate.
No digas nada.
Deja que la madrugada nos encuentre
todavía juntos,
como dos raíces escondidas
bebiendo del mismo sueño.
—Luis Barreda/LAB
Los Ángeles, California, EUA
Octubre, 2022.