Cuando la tarde apaga su jornada,
y el último rumor duerme en la fuente,
la luna, silenciosa y transparente,
derrama sobre el mundo su mirada.
La sombra va creciendo, enamorada,
del viejo campanario indiferente;
y un árbol, como un monje penitente,
se inclina ante la noche ensimismada.
Entonces, en la quietud del sendero,
escucho al tiempo hablar entre las hojas,
como quien va contando lo vivido.
Y sé que cada instante es un viajero,
que nada permanece cuando arrojas
tu sombra hacia la sombra del olvido.
JUSTO ALDÚ © Derechos reservados 2026