Voy a decir tu nombre… aunque no cambie nada, aunque el mundo continúe su rumbo y tú sigas lejos de mis brazos.
Lo diré bajito, como quien guarda un secreto que solo el corazón conoce, porque hay nombres que no se pronuncian: se sienten.
Voy a decir tu nombre para que, por un instante, el silencio tenga tu voz, la noche conserve tu mirada y la distancia deje de doler.
Voy a decir tu nombre para que mi pensamiento regrese a ese lugar donde siempre te encuentra, aunque mis pasos jamás hayan llegado hasta ti.
Y quizá nadie entienda por qué sonrío al pronunciarlo, pero yo sí lo sé: hay nombres que, al decirlos, hacen que el alma recuerde aquello que el corazón se niega a olvidar.