La tierra tiembla,
al igual que mi cuerpo
en pánico.
Las grietas aparecen
en las paredes
y otras, en la
certeza de la normalidad.
El techo cae,
al mismo tiempo que mis piernas
pierden estabilidad.
Luego,
un silencio extraño
bloquea mi paso
y mi voz.
¿Qué nos queda ahora
más que reconstruir
la tierra,
las grietas,
el techo,
recoger las lágrimas
y aprender
a habitar
esto que queda…