Nkonek Almanorri

LA GRANDEZA DE UN ECLIPSE Y OTROS ASUNTOS.

Hay cosas y hechos grandiosos que es mejor no pensarlo ni verlos todos los días; otras cosas son momentos de magia, por ejemplo un eclipse.

 

Lo que es una aberración es convertir un hecho grandioso de la Naturaleza en una estupidez material y hasta humana por aquello de una publicidad material ya sea en prensa, radio, televisión y, claro, en las Redes Fecales en las cuales y desde los gobiernos, partidos políticos y otras instituciones a las que cada vez se les están dando más poder sobre la sociedad y, claro, después leemos lo que leemos.

 

Me pregunté, ayer, 12 de agosto día del eclipse, desde dónde verían ciertas personas, conocidas o no, este fenómeno de la Naturaleza y después recordé que yo había decidido no ir a ningún sitio señalado a verlo y que al fin hice lo que había decidido hacer: quedarme en casa y no verlo pero sí sus efectos que era lo que al fin y al cabo es lo mejor.

 

Detrás de mi mesa escritorio frente al río y al monte Jaizkiber vi cómo a las 20:24 de la tarde la hoja en la que escribía se iba oscureciendo hasta el punto en que en un momento dado tuve que encender la luz de la lámpara, fue en ese momento en que miré hacia fuera y la luz se había vuelto tenue hasta que oscureció un poco, solo un poco; en ese corto espacio de tiempo no se vieron ni escucharon los pájaros, todo se hizo un leve pero eterno silencio ante que de nuevo y de imprevisto se volvió de día otra vez.

 

Un eclipse es algo que define con exactitud la inmensa grandeza de la Naturaleza y que la actual generación humana con una tecnología desafiante ha reducido hasta la estupidez y el insulto moral y colectivo. Hoy podemos decir, aún, que el ojo no alcanza a captar en su total esplendor qué vemos cuando simplemente miramos hacia arriba. Uno está convencido de que la Tierra desde la Luna se verá como un boliche flotando en la inmensa oscuridad del espacio exterior; vivimos en un espacio en qué podemos, de momento, respirar aire puro (o casi), plantar tomates en la Tierra y donde el agua potable cae del cielo gracias a un ciclo milagroso y que se da en el planeta en qué vivimos, y por encima de todo esto un milagro de la Naturaleza llamado eclipse que nos llega cada cien años, algunas veces antes, otras después... Pero llega y podemos verlo.