eledendo

LIBRE

 

 

En este instante, contemplo cómo arde y arde Notre Dame,

pero el conjunto histórico y mistérico del alma, vuelve a exigirlo y dice:

“París, bien vale una bella e intimísima Misa”, aquella y ésta.

[Atribuida, tan mítica frase, a Enrique IV de Francia]

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... decídete, decídete y salta, irrumpe en ti mismo, y, con fe y coraje,

contémplate y desea entrar y verdecer con celo tu propia mente y corazón,

y, ya, persiguiendo el logro de una mente dulce y amorosa, junto a un corazón inteligente,

- unidos - digo - y cooperando ambos -

con voluntad y profunda luz de rubí o de diamante, estúdialos y prográmate;

elije con exactitud los materiales y construye con formas vivas un proyecto de valor,

- de utilidad -

hasta conseguir articularte y verte como un ser de luz y pálpito sin fin:

plenamente autosuficiente y diligente, disponible y libre;

transforma tus creencias y conviértelas en fungibles o líquidas, en versátiles y móviles,

revisa o rompe, por tanto, los antiguos ritos o liturgias de tus ideologías, gustos y rutinas,

o, bien, dilúyelos, tras lo cual, y derrumbándose,

a tus pies caerán antiquísimos muros y cajas con grilletes de alma,

junto a exhaustas lumbres, brasas y cenizas ...;

abre, pues, también, tus techos e instálales tragaluces o aberturas inmensas,

y que entren, que entren con ansia, gratitud y fuerza, la luz y el aire,

oreando y lustrando increíbles e impensables recodos ocultos,

bajo viejas y espesísimas sombras,

donde habrán de surgir y aparecer insospechados y originales resplandores y brillos,

por completo ignorados por ti;

en definitiva, prescinde de lentes cóncavas, de mitos extraños y arcaicos;

deja y trasciende sistemas atávicos o axiomas, caducos y espesos,

fíltralos y aléjate de ellos, quienquiera que los haya instruido, los sostenga o difunda hoy,

y ya, ya sean, asimismo, de cualquier orden, grado o nivel, lugar o condición;

en una palabra, investígate con objetividad intuitiva y cognitiva,

y, bajo el más sublime e incondicional amor que alcanzar pudieras,

analízate con humildad y a conciencia, pero renuévate y no temas,

y, si fuere preciso, compañera o compañero de existencia y mundo,

rediseña, por último, y uno a uno, cada luz o instante que pudieran intercalarte dudas,

porque, quizás, y por primera vez - no lo olvides -

tras una, y otra, y otra vida de terror y dualidades, oscuridad y misterio -

logres ir por la calle como un dios menor del XXI que esté instruyéndose,

- evolucionante y humilde, sí -

pero consciente, esperanzado y radiante, pleno de íntimo fulgor, poder y sueños inmortales;

y es que, amiga o amigo - créeme - en este siglo y hora, un plus de tales características,

las de esta auténtica y carísima verdad,

-  incluso más allá del ingente y propio valor de Notre Dame ardiendo, y de París -

bien, o muy bien podrá valerte - tanto o más - esta humildísima Misa de verso sin virtud,

ni ciencia proclamada, bajo este grito, innato y firme, digo, de estirpe sideral.

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Antonio Justel

https://antoniojustel.com 

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