En otra vida, en otro tiempo, en otra realidad, quisiera encontrarte sin miedo y sin necesidad; sin nombres que nos aten, sin historias que explicar, solo tú frente a mis ojos y yo aprendiendo a cuidar.
Quisiera que algún domingo, cuando el sol empiece a caer, bajo el velo del atardecer, pudiera mirarte sin temer; verte junto al fuego, haciendo la carne asada, mientras yo te contemplo en silencio con tu sonrisa enamorada.
Quisiera acercarme despacio, sin tener que preguntar, rozar tus manos con las mías y quedarme un poco más; acariciarte el rostro, abrazarte sin razón, y no solamente tu cuerpo: acariciarte el alma y el corazón.
Quisiera cuidarte de esos días que pesan demasiado, ser refugio cuando el mundo te haya cansado; darte un abrazo de esos que no necesitan explicación, y hacerte sentir querido con cada pequeña acción.
Quisiera conocer tus silencios y aprenderlos a escuchar, saber cuándo necesitas compañía y cuándo solo descansar; llenarte de cariño sin pedirte nada a cambio, y caminar a tu lado, despacio, de la mano.
Y quizá después de la cena, cuando la noche haya llegado, nos quedaríamos mirando el cielo, tranquilos, lado a lado; hablaríamos de la vida, de los sueños y del ayer, mientras una luna curiosa nos observa sin saber.
No sé si en otra vida el destino nos dejará coincidir, pero si pudiera escoger dónde encontrarte y dónde vivir, te escogería en una tarde sencilla, sin lujo y sin prisa, con fuego, estrellas, música… y tu hermosa sonrisa.
Porque quizá no necesito una historia perfecta ni un gran amor, solo una vida donde pueda quererte sin miedo ni temor; donde pueda cuidarte, acompañarte y hacerte saber que hay almas que, aun sin pertenecerse, se eligen una y otra vez.
B&: Zuleyma Arroyo