Lo único que recuerdo de ti
es cómo me pasaba horas peinando tus rizos indomables,
intentando domar aquello que nunca quiso ser domado.
Eran difíciles tus rizos.
Ahora lo único difícil
es aceptar que ya no estés aquí.
Y qué extraño…
antes podía pasar horas desenredándote el cabello,
y hoy daría lo que fuera
por tenerte otra vez frente a mí,
aunque fuera solo un momento,
aunque fuera solo para volver a peinarte.