Antonio Portillo

El mapa de la cal y la tierra


​El nombre no empieza en la boca,
empieza en la cal que seca las paredes,
en el polvo blanco que se pega a los nudillos
cuando agosto cuartea la corteza del campo.
​Nos dieron un apellido hecho de piedra blanda,
de sed acumulada en el fondo de los pozos,
un mapa escrito con la dureza de un paisaje
donde la lluvia siempre llega tarde
y los árboles crecen torcidos hacia dentro.
​Allí la tierra no perdona el agua:
la bebe con prisa, la oculta en la raíz,
aprieta los dientes bajo el sol de mediodía
para que nada se mueva sin permiso del viento.
​Lejos de las lomas baldías y los surcos secos,
donde la calle es de piedra fría y el aire huele a humo,
los pasos guardan el mismo ritmo.
​Llevan la lentitud del esparto,
la terquedad de los olivos que no se entregan,
y en la planta del pie,
todavía,
el peso seco de la cal.

 

Antonio Portillo Spinola ©