Juan Roldan

Espinelas de la ira

Nace siempre de una herida
que el orgullo no perdona,
una furia que corona
y que nubla nuestra vida.
La palabra proferida
se transforma en un puñal,
es un viento de metal
que destroza lo que toca,
brota veneno en la boca
provocando el peor mal.

Es un monstruo que despierta
con el eco de una afrenta,
viento cruel de la tormenta
que derriba cualquier puerta.
Deja la mente desierta,
reos de la insensatez,
nos domina de una vez
con un fuego que devora,
furia ciega que empeora
perdiendo la lucidez.

Arde el pecho en vivo fuego
cuando el juicio se derriba,
furia ciega que va arriba
y que vuelve sordo y ciego.
No conoce la paz luego,
solo busca la venganza,
en su marcha todo alcanza
con un golpear violento,
dejando en el pensamiento
destruida toda esperanza.

Cual volcán que lodo vierte
va rompiendo la cordura,
es un lazo de amargura
que nos lleva hacia la muerte.
Nadie sale de ella fuerte,
tan solo queda una ruina,
es la mano que asesina
a la paciencia y el consuelo,
un oscuro y denso velo
que los rostros difumina.

Mas el tiempo todo calma
si frenamos el impulso,
devolviendo el sano pulso
que devuelve paz al alma.
La templanza da su palma,
apaga el fuego violento,
limpia todo el pensamiento
con un aire de quietud,
para hallar la gratitud
en el propio sentimiento.