El hito del poema
El poema es un hito, puesto en el camino,
una señal que dice: “aquí pasó el alma”.
No se borra con lluvia, ni se cae con el tiempo,
se queda firme, fiel, guardando la palabra.
Marca el lugar donde el sentimiento se alzó,
donde la verdad se detuvo a descansar;
quien lo lee después, en días lejanos,
sabe que otro corazón estuvo aquí, sin dudar.
Es piedra firme en medio del paisaje,
punto de encuentro entre el ayer y el hoy:
el poeta lo deja como señal eterna,
y el que llega… lo halla y se siente mejor.
No es solo un recuerdo, ni una marca vacía:
es el punto exacto donde el tiempo se detuvo,
donde lo que se siente se vuelve eternidad,
y donde el alma… por siempre se queda viva.
Por eso es hito: no se mueve ni cambia,
guarda el rumbo, sostiene la memoria;
el poema señala, para siempre,
el lugar donde el espíritu alcanzó su gloria.
NOAH SUBIN