Cantar del llano
¿Cómo enuncia usted, amigo mío?
La vida más que ser está en vivir.
Un viaje permanente a donde ir
movido por el sueño y desafío.
No soy sino el sendero que va a tientas,
la pausa sensitiva al caminar;
si todo lo anhelado está en luchar,
¡que importan tempestades y tormentas!
Me adhiero yo a esa causa inevitable,
pues nunca la llegada fue un abrigo.
¡Como arguye usted, amable amigo:
quien tema nunca es indispensable!
Así la vida misma que es testigo
cuando llegue al final de los finales,
dirá si en realidad los pedestales
los pueda merecer si voy conmigo.
Mas ¿qué juez hay más fiel que la memoria
de haber andado a tientas sin engaño?
Si al final, el pedestal es solo un daño,
mejor que el testimonio sea la gloria.
Y en el llano, amigo, el canto no se posa,
no busca altura, ni teme a la hondonada:
es voz que de la tierra va mojada
y encuentra su reposo en cualquier cosa.
Por tanto, amigo mío, no hay muralla
que sea resistente y duradera.
Si el viaje es permanente a lo que espera,
no deje de luchar en la batalla.
Samuel Dixon