Cabello carmesí como atardecer en el inframundo,
ojos que no miran, sentencian,
sonrisa de reina que no pide permiso.
No caminas, reinas.
No hablas, ordenas.
Y aún así, cuando sonríes,
hasta el infierno se siente cálido.
Pero en tus ojos un hielo que congela el alma,
sonrisa deslumbrante que a todos provoca miradas,
el suspiro de hablarte se queda en el espacio,
la elegancia desde lejos se te nota,
cuando el aire toca tu cabello unas llamas flotan
y parece que explotan.
Y yo, un simple mortal, entendiendo al fin,
aunque sea un simple peón para mi ama, siempre será mi Eros.En este mi mundo…