Alexandra Quintanilla

Entre un cometa y el sol

Con el corazón roto,
las calles se sienten más frías,
el camino, solitario,
y el espíritu, por el suelo.

Pude haber dicho que te necesitaba,
pero creo que eso ya estaba sobreentendido.
De nuevo aquí,
de rodillas, pidiendo una explicación.

Te amé como una idiota, cariño.
Me desbordé y me desconecté
por girar alrededor de tu entorno.
Supongo que, para ese tiempo,
pensaba que eras una especie de sol.

Pero tu estrella se ha enfriado tanto
que pienso en la distancia.
A través de ella no se puede notar
que las estrellas también congelan.

¿Se ha enfriado esto?
¿O nuevamente estoy delirando?

Porque siento este dolor como una puñalada
que trasciende,
esperando que pueda ser detenido por algo.

Pero yo…
te amé como una idiota, cariño,
tanto que quemé los bordes de la sensatez.

Camino y camino.
Camino tanto
que he llegado a correr
para sentir un poco de calor.

Estoy yendo tan rápido,
buscando dónde se esconde tu luz,
y he estado rezando.

He estado pensando
que quizá no es suficiente,
que quizá lo que está más allá
tendría que decirte
que yo te he estado necesitando.

Supongo que estoy delirando.
Delirando bajo el hielo que arde.

Quieres prender un fuego
para calentar un poco la hoguera,
pero ante el viento
no me abriga:
me quema.

Cariño,
estás quemando todo con tanto frío.

Todo lo que necesitaba era una estrella.
Una pequeña.

Pero tú…
imagino que solo eras un cometa.

Corazón,
creo que me confundí.

¿O estuve delirando?

Todo lo que necesitaba…

¿Puedes verme ahora?

Tan necesitada que…

Estaba confundida sobre una terraza,
bajo la luz de mil estrellas,
un cigarrillo evaporándose
al son del aire,
del aliento de un mundo
que parecía derrumbarse hacia el cielo.

Apuesto a que no quisieras estar ahí.
Apuesto tanto que…

¿Dónde estoy ahora?

¿Sumergida en el mar
de mis propias represiones?

No puedo decir que te amo, cielo.
No puedo gritar que te extraño.
No puedo ir allá.

Y, sin embargo,
lo único que pedía
era que estuvieras cuando te necesitara.

Si tú lo hubieras pedido,
yo lo habría dejado todo.

Pero no lo pedías.
Lo exigías.

Así que dime:

¿soy yo la loca
o simplemente estoy equivocada?

¿Te he abrumado siempre
con tantas palabras?

¿Son tan ilegibles
que ni siquiera pueden ser interpretadas?

¿O quizá fui yo
quien pasó demasiado tiempo
intentando encontrar calor
en una estrella que ya estaba apagada?

¿Era la distancia la que me vendaba?

¿O fui yo quien,
por necesitar tanto una estrella,
decidió convertir un cometa
en un lugar donde quedarse?