LA SOLEDAD Y YO.
La soledad y yo hicimos amistad,
quizás por poco tiempo, tal vez una eternidad,
entre nubes de sueños no llegados,
aspiraciones perdidas, esperanzas frustradas,
nos dimos la mano, sellando un acuerdo,
pero no un contrato.
La soledad y yo, nos fuimos a caminar,
por el parque de las ilusiones
nos sentamos en el banco del nunca llegar,
no nos hablamos, solo era recordar,
aquello que dimos por perdido, que no buscamos
por falta de voluntad, lo que llegó, sin esperar.
La soledad y yo, nos llevamos bien,
no discutimos, pero si llega su prima, la tristeza,
en compañía de sus hijas, lágrima y angustia,
ya nos hace sentir mal.
La soledad y yo, nos llenamos de cielo y de estrellas,
en la noche en que irrumpe, el silencio de la madrugada
el suave baño del rocío a la rosa en su amanecer
y comprendemos que hay cosas que se esperan
pero que no se dan, ya que aún no están.
Octubre Triste del 2001