La sátira mordió la cortesía
con la dulzura acre de un insecto.
Allí, el desprecio se vistió de júbilo
y la escena se quebró en polígonos.
La audiencia celebró aquella geometría
con un fervor de estatuas complacientes.
Cada arista ardía entre los hielos
y cada llama mendigaba sombra.
El recelo tensó vértices oblicuos
mientras el deseo olvidaba su nombre.
Reinó entonces la derrota teatral
bajo un silencio colmado de rumores.
Solo una boca, alegre y lúgubre,
supo descoser la risa de los ángulos.
Copyright
2026
Ivette Urroz.
Ivette Mendoza Fajardo