Desprecio tu relajo permanente,
me asfixio ante el vencimiento incesante
de tu poder y firmeza aplastantes;
mi humilde voluntad, versus mi mente.
Ya empiezo a notarte, negro vacío,
veo que hielas mis ideas que afloran,
y la tristeza de mis ojos que lloran
me advierten de tu tétrico frío.
Que no me manejes, lucha, cobarde,
no te rindas, que está finalizando,
y la ansiada tierra, sin saberlo, arde.
Los dos rivales se acaban aliando,
ninguna conquista hubo aquella tarde;
ambos, en su empeño, la fueron creando.