Lázaro Vasallo

—Plasticidad—

 

Vivimos en un mundo plástico cargado de contradicciones, donde las personas de pensamiento plástico habitan dentro de sus propias metáforas.

Vivir sin permiso es una condición y, a la vez, una cualidad de ese margen de error al que podemos llegar por imprudencia o por adicción al engaño.

Si rasuramos la benevolencia de una persona plástica, descubrimos hasta qué punto somos capaces de errar en nuestros principios, atrapados por la indecisión.

Los llamados del alma de quienes intentan sobrevivir a un sentimiento cargado de injustas apariencias no hacen otra cosa que marginar su verdadera necesidad espiritual.

Este mundo, cargado de momentos exhaustos y de incertidumbre por el poder, camina de la mano de la incapacidad para enfrentar su verdadera identidad.

Empújame, aunque tengas que halar el disparador; en cada instante me convertirás en tierra fértil para enfrentar mis propios miedos.

Ser plástico es la condición del ser humano que más se entrega al azar y a las actitudes incongruentes de la vida.

Por necesidad de sobrevivir al engaño, la plasticidad ha alcanzado niveles que van más allá del poder del remordimiento.

Las personas plásticas, de manera inconsciente, intentan situarse por encima de su propio ego.

Incluso se atribuyen conocimientos que no han dominado. Su capacidad de contorsionismo es tan elevada que terminan diluyéndose en su propia idolatría.

La falsedad es un arma poderosa de la plasticidad; constituye un acto de fe en la traición, alimentado por la ausencia de reconocimiento.

Nos llamamos plásticos en momentos de puro engaño, en instantes de una conquista sobrenatural marcada por inquebrantables querellas contra los demonios internos que aún no hemos sabido dominar.

Lázaro Vasallo 
25/7/2026
Mundo Perdido