¿Puede el último amor ser el primero,
tras tanta prisa y tanta fe baldía,
después de haber cruzado la porfía
de confundir el deseo pasajero?
¿Qué fueron tantos rostros? Un sendero
de sombras vestidas de armonía;
promesas que la noche consumía
sin revelar su rostro verdadero.
Mas tú llegaste sin abrir la aurora;
no traías promesas ni artificios,
tan sólo la secreta coherencia
entre tu cuerpo y aquello que callabas;
la íntima verdad de tus silencios,
donde mi pensamiento halló su deseo.
Encontré en ti la extraña presencia
que volvió memoria mi cuerpo
y deseo mi pensamiento.
EPÍLOGO:
No fue la llegada de otro amor,
sino el encuentro con una verdad desconocida.
Porque hay presencias que no completan la vida:
la revelan.
No fue la llegada de otro amor,
sino el encuentro con una verdad desconocida.
L.T.
08-12-2026