Me envuelve la noche
y mi último pensamiento es para ti
somnolienta entre la bruma del sueño,
sigues siendo mi refugio.
Y al despertar…
sin darme cuenta,
el primer suspiro del día
vuelve a nombrarte.
Evoco aquellos momentos
junto a ti,
donde todo parecía
tener sentido.
Fuiste mi esperanza,
mi apoyo,
mi felicidad sin medida,
mi remanso de paz
y de alegría.
Fuiste…
mi otro yo.
Y ahora no queda nada.
Solo este vacío terco,
esta ausencia que no descansa,
este hábito de buscarte
donde sé que no estás.
Te sueño para no perderte,
y despierto para perderte otra vez.
Y así vivo
repitiendo tu adiós
cada día,
cada noche,
sin poder detenerlo.
Añorando un pasado,
que nunca será un presente
NM de la Rosa
(México)
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