Éusoj Nidlaj

\"CRISTO, TAZA Y CAFÉ\"

Elevo mi taza. Agacho la cabeza cuando no debería, y una pesada fricción recorre mi cuerpo. Es como si mi sien descendiera en gracia y audacia, buscando, cual torso de madera, la chispa que lo reviva... Un Cristo, sí, un Cristo con derecho, en agonía, a mirar a ratos la crudeza cromática de mis alrededores y, en seguida, caer nuevamente. Es abrumador; hasta diría petulante que, cada vez, te decapites y vuelvas a por tu cabeza, esta, rodeando por todo el patíbulo. Dicho lugar, lleno de café amargo o té arrebatado, siempre con límites en forma de taza, está asediado por pequeños eclipses de ojos jugando al escondite.