Oda a la almohada tramposa
Almohada traicionera,
¿qué escondiste con malicia?
¿Querías hacer justicia
o mandarme a la otra esfera?
Guardaste, sin compasión,
mi cajita salvadora;
¡y yo buscándola, señora,
con el alma en procesión!
¡Si escondes mi medicación,
no es travesura ni juego:
me quedo sin mi “hasta luego”
por tu vil conspiración!
Mi epitafio dirá el verso
que quedará así grabado,
en letras de grueso mármol:
ALMOHADA:
las prosas pueden esperar.
EL REMEDIO, NO.