El amor se parece a la belleza
de las flores: madura con
los meses
y se clausura al manto de la
noche.
Por eso el anhelo de los
enamorados
de detenerse ante el
naufragio del día,
y en ellos su perfil grabar en
la eternidad,
y esperar a que la luna llene.
En su plenitud se vean
reflejados,
volviéndose más bellas
las noches
pensando que su amor
traspasará el tiempo
que pudo con la flor.
Flor que todas
las noches cerró...
De ese eclipse
nacerá una nueva
estrella con el alma
de los dos.