La huella de lo invisible
Llegaste
atracando mi puerto,
y algo en mí
reconoció la humedad
de tu silencio.
Desde entonces,
hay un rumor
que solo despierta
cuando el deseo
se queda a solas conmigo.
No estás.
Pero el aire
todavía guarda
la forma de tu paso.
Y yo,
que aprendí a caminar
sin buscarte,
a veces me sorprendo
bailando dormida,
con la piel despierta
y la ausencia distraída.
Quizá por eso
la noche me conoce
de memoria.
Sabe que hay presencias
que no necesitan quedarse
para cambiar
las coordenadas del alma.
Y cuando el viento
me roza la piel,
no sé si es la brisa
o aquel recuerdo
que vuelve,
sin volver.
Entonces,
entre las olas,
bailo.
Descalza.
Sin música.
Como si el mar
hubiera dejado
su lengua en mis venas
y todavía supiera
decirme,
sin pronunciar tu nombre,
que algunas mareas
no se van:
aprenden
a vivir
dentro de una.
Y entonces, vida mía,
se columpia la noche
en los flecos de la luna;
ella guarda el secreto
que duerme bajo la bruma.
© Maby de los Peña
11 de agosto de 2026