Cerrar puertas al riesgo,
abrir a la paz.
No hay señales confusas,
ni dudas sembradas
en el altar del corazón.
El amor protege,
como un guardián de la noche,
refugio seguro,
descanso sin miedo.
Nunca obliga,
nunca compite,
pues su fuerza es silencio
y su verdad, eternidad.
Todo lo buscado
se revela en la penumbra:
el alma que espera,
el amor que basta.