¿y ahora qué?.
Tal vez, esa pregunta sea todo lo que queda después de que la tierra se calmó.
No el ruido. Ni el terremoto convertido en miedo, o el momento incierto del tiempo en que tu mente solo busca un lugar para el refugio.
Va quedando la certeza incómoda de una tragedia en ciernes, y por un momento entendemos lo que debemos mirar con más cuidado.
Descubrimos que hay que valorar los pequeños momentos, y ver con otros ojos lo que casi nunca miramos.
Hoy muchos hermanos ya no están, otros tantos no se encuentran y otros miles que ayer lo tenían todo, solo encuentran que su techo es el cielo y su abrigo es la nada.
Estoy aquí sintiendo mi corazón herido y comprendiendo que él solo hecho de estar. Ya es algo.
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Rafael Blanco López
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