Hay un león dormido
bajo las ramas del sauce llorón.
Embrujado, dicen,
ha caído presa de una cruel maldición.
Su corazón aletargado se hace eco,
¿cuánto más yacerá reo del silencio?
El Leviatán del amor
aguarda su rugido.
Despojado de su reino,
¿acaso abocado al olvido?
La sangre clama y grita
por un canto de libertad.
En las venas, fuego agita,
y nada aplaca su verdad.
¿Y ahora?
¿Con qué tinta escribirá
la pluma su poesía?
Solo sangre, fuego y día
se admiten en su tintero.
Melodía, rojo fulgor
que abrasa la razón y el miedo,
recuérdale a mi corazón
cuál es su hogar,
si miro al cielo.