Querido padre:
Ha pasado tanto tiempo
desde la última vez que te vi en persona...
Ojalá y todo esto acabara pronto,
de la manera más tranquila posible.
Entonces podré tomar el taxi e ir a ti,
llegar a tu puerta y decirte: «aquí estoy»,
sin miedo en mi voz ni en mi cuerpo,
sin hastío a lo incierto ni moderación,
porque todo habrá acabado en ese instante.
Tal vez iremos a donde siempre
me habrías querido llevar cuando era niño.
¿Pero qué pasará si ya no tenemos tiempo
para todo aquello, si ya es demasiado tarde?
¿O qué pasará si el tiempo,
tal y como lo conocemos, ya es irrelevante?
Si tan solo tuviera la certeza de que...
todo acabe pronto y podamos
ayudarnos mutuamente.