No busco ajenas tierras pisoteada, ni sombras que en olvido se consuman, mis leyes son sagradas y guardadas donde las almas puras se resumen.
Respeto el pacto ajeno y la vereda que otros ya decidieron caminar; mi amor propio es la roca y es la seda que a nadie, en su ilusión, voy a dañar.
Tengo principios y valores firmes, fuego vivo, dignidad que no vende su latido; si he de amar, que sea libre y sin cautivo, y en la honorabilidad, siempre he creído.
Mujer digna, el amor propio es tu corona y el respeto tu armadura; con dignidad y principios elevas la lealtad como una ley sagrada que no se rompe, y desde esa nobleza pura nace este poema para honrar tu grandeza y tu valor inquebrantable.
Mujer digna de respeto, de principios y valores, jamás pongas tus ojos en un hombre casado, enamorado y comprometido con su hogar, su mujer, sus hijos y familia.