¡Oh Amada María! Yo, tu Ballestero
Te escribo desde la fértil Andalucía
Rogando a Dios que aquesta carta mía
Algún venidero día hallen tus manos
Allá por las majadas del Otero.
Por alta España, recuerde Señora Mía,
Que nuestro idilio fue el mayor en hazaña
Ni miedo le vence, ni tiempo le engaña
Antes crece con la pena y la porfía.
Tras las campanas del alba temprana
Cuando el pastor su rebaño recogía
Dejé la villa con mi fe cristiana
Siguiendo la senda que el deber me abría.
Las mozas barrían los blancos portales
Mi hogar olía a pan recién cocido
Sonaban las fuentes, cantaban zagales
Mecía los olmos un céfiro florido.
Los viejos sentados a la luz de la plaza
Contaban hazañas de godos y reyes
Mientras el herrero templaba las leyes
Del hierro que guarda la patria y su casa.
Aún guardo memoria de aquestos buenos días
Cuando el alba iluminaba la campiña
Y el cielo bendecía tu compañía
Hoy vive cuánto fuimos en la memoria mía
Cómo vive la fuente junto a la encina.
La otra vez por unos lirios en Miranda:
Díjete: \"Mira cuan noble es la belleza
Que Dios derrama sobre tú naturaleza
Anda; contempla la grandeza
Del Amor que jamás se quebranta\".
Mas fui angustia, pues no vio en mis luceros
Los dos soles que della yo veía;
Que no torna la noche en mediodía
La lumbre que una sola luciérnaga destella.
Buscando en mundanos regocijos
Bálsamo que negábame su ausencia
Mas cuanto más seguía sus hechizos
Más tornábase mi dolencia
Y más pesaban mis prolijos desvaríos.
Huí de mí por no verme dentro
Vistiendo de falsa alegría el rostro herido
Hallando en todo vano pasatiempo
El mesmo corazón entristecido.
Bebí del cáliz del delirio humano
Ahogándome en adormecer dicha herida
Mas dejóme el gusto más temprano
La boca seca y la voluntad consumida
Cómo quien quiere asir el viento en vano.
Cuanto más huía del abismo
Aún más cerca lo sentía en mi pecho:
Que nadie se esconde de sí mismo
Ni halla descanso en falso lecho
Si trae la soledad consigo mismo.
Por las pesadas cadenas
De arena que se tornaba en vidrio
Do creé entonces deleites y castillos
Agora cortábanme las venas.
Ansí supe; en mi ignorancia
Con aliento ausente y el ser hecho pedazos
Ver en lo alto de una colina, a pocos pasos
Una figura que iluminaba de gracia.
Habiéndome visto en tantas cosas
Jamás habíame visto ante aquesta cruz:
En medio, un hombre justo
Con agujeros en ambas manos,
Pedía perdón en nombre de sus hermanos
Amando con tan hermosa luz:
Entonces, rotos ya mis desvaríos
No viendo consuelo en cosa críada
Salió clamando a mí encuentro
Aquel carpintero cruzado
Y díjome desde dentro
Con voz sosegada:
\"Miraste fuera buscando reposo
Y olvidaste mirar tu mesmo centro
Pues quién huye de su triste sombra
Trae consigo su propio tormento.