Gerald Q.

Carta de un Quijote Ballestero a su Amada

¡Oh Amada María! Yo, tu Ballestero

Te escribo desde la fértil Andalucía

Rogando a Dios que aquesta carta mía

Algún venidero día hallen tus manos

Allá por las majadas del Otero.

 

Por alta España, recuerde Señora Mía,

Que nuestro idilio fue el mayor en hazaña

Ni miedo le vence, ni tiempo le engaña

Antes crece con la pena y la porfía.

 

Tras las campanas del alba temprana 

Cuando el pastor su rebaño recogía

Dejé la villa con mi fe cristiana

Siguiendo la senda que el deber me abría.

 

Las mozas barrían los blancos portales

Mi hogar olía a pan recién cocido

Sonaban las fuentes, cantaban zagales

Mecía los olmos un céfiro florido.

 

Los viejos sentados a la luz de la plaza

Contaban hazañas de godos y reyes

Mientras el herrero templaba las leyes

Del hierro que guarda la patria y su casa.

 

Aún guardo memoria de aquestos buenos días

Cuando el alba iluminaba la campiña

Y el cielo bendecía tu compañía

Hoy vive cuánto fuimos en la memoria mía

Cómo vive la fuente junto a la encina.

 

La otra vez por unos lirios en Miranda:

Díjete: \"Mira cuan noble es la belleza

Que Dios derrama sobre tú naturaleza 

Anda; contempla la grandeza

Del Amor que jamás se quebranta\".

 

Mas fui angustia, pues no vio en mis luceros

Los dos soles que della yo veía;

Que no torna la noche en mediodía

La lumbre que una sola luciérnaga destella.

 

Buscando en mundanos regocijos 

Bálsamo que negábame su ausencia

Mas cuanto más seguía sus hechizos

Más tornábase mi dolencia

Y más pesaban mis prolijos desvaríos.

 

Huí de mí por no verme dentro

Vistiendo de falsa alegría el rostro herido

Hallando en todo vano pasatiempo 

El mesmo corazón entristecido.

 

Bebí del cáliz del delirio humano

Ahogándome en adormecer dicha herida

Mas dejóme el gusto más temprano

La boca seca y la voluntad consumida

Cómo quien quiere asir el viento en vano.

 

Cuanto más huía del abismo

Aún más cerca lo sentía en mi pecho:

Que nadie se esconde de sí mismo

Ni halla descanso en falso lecho

Si trae la soledad consigo mismo.

 

Por las pesadas cadenas

De arena que se tornaba en vidrio

Do creé entonces deleites y castillos

Agora cortábanme las venas.

 

Ansí supe; en mi ignorancia

Con aliento ausente y el ser hecho pedazos

Ver en lo alto de una colina, a pocos pasos

Una figura que iluminaba de gracia.

 

Habiéndome visto en tantas cosas

Jamás habíame visto ante aquesta cruz:

En medio, un hombre justo

Con agujeros en ambas manos,

Pedía perdón en nombre de sus hermanos

Amando con tan hermosa luz:

 

Entonces, rotos ya mis desvaríos

No viendo consuelo en cosa críada

Salió clamando a mí encuentro

Aquel carpintero cruzado

Y díjome desde dentro

Con voz sosegada:

 

\"Miraste fuera buscando reposo

Y olvidaste mirar tu mesmo centro

Pues quién huye de su triste sombra

Trae consigo su propio tormento.