Mil vaggio

Ave fénix.

No te marchites, no cedas ante la incertidumbre, que no te desgaste el destino; dentro de ti hay un fuego celestial, deja que arda, que te calcine hasta los huesos. Ama en exceso, no dejes que el cruel temporal te desequilibre. Libérate, mírate al espejo y sonríe. Reconozco en ti la gloria, admiro ese camino que te ha traído hasta aquí. Todo en ti es divino; lo sé porque tu alma brilla, porque tu corazón deja su eco en el tiempo. Tu existencia es revolucionaria: has venido de muy lejos y te erguiste aun en la adversidad; te mantienes en pie aun bajo la catástrofe. Por eso te pido que no te marchites, que tomes tus alas y levantes el vuelo. Lo mereces; mereces encontrar el faro y volver a casa.