jorge enrique mantilla

Se fue un amor

Se fue un amor

 

Y una tarde mientras regresaba al rancho, ya en el crepúsculo de su ocaso, lleno de bellos y hermosos arreboles

Iba cargado de regalos para la mujer más querida y hermosa de mis amores

Le llevaba lo qué más amaba, las fragancias y los perfumes de las mejores y floridas flores

Pero al llegar al rancho, no vi su presencia, ni escuché sus gritos de alegría y tampoco los quejidos de sus dolores

Corrí presuroso al puerto y tampoco estaba la barca y me llené de miedos y temores

Y allí en la estaca dónde se amarra la lancha, sólo estaban unas enaguas raídas, sin enojo de sus ardientes y sofocantes pudores

Se fue la mujer de mis amores sin avisar, sin una carta, sin dejar de reojo una mirada, si era la chispa que prendía de alegría mis acalorados motores

Mujercita mía, si era mi alma, mi vida y la sonrisa y felicidad con sus labios bellos encantadores

Se marchó la lancha con el timonel y el barquero y con la mujer que yo quiero, llevándose del horizonte mi luz, mi lucero y del horizonte, mis resplandores

Se siente la tristeza en el lóbrego rancho y ya la vida no tiene sentido, ni olores, ni sabores

Y hasta las aves guardan silencio y ya no se escuchan sus cánticos, ni sus trinos, porqué vuelan en remolinos los rumores

Se marchó la querida amante a otros brazos y alegrar otros quereres y hacer palpitar otros ardientes corazones

Se fue la lancha con un amor y se llevó mi vida y mi pasión y se apagó el farol dejando en la oscuridad el rancho y en el puerto sólo quedaron lágrimas esparcidas de los perdedores

¿Sería que se aburrió del rancho, del campo o se iría a posar cómo musa de otros poetas o ser el boceto de otros afamados pintores?

Y pasaron los días y pasaron los años y sólo veo miedos, espantos y pesadillas, sin conciliar el sueño de los afligidos soñadores

Vienen a mí imaginación, recuerdos de la vejez, caminando a paso lento, con el bastón y los brazos agotadores

Montados en la carreta, sonriendo felices y de la vida, el pabilo y la llamarada ardiente de los encendedores

A lomo de mula, siempre unidos, derrochando alegría y vida, sin mirar espejos retrovisores

Y pasó el tiempo y pasaron los años y el rancho se cae a pedazos y en la butaca del puerto espero que regrese la lancha y me devuelva la mujer querida de mis amores

Me volví ciego, viejo, canoso y encorvado, ya sin esperanza, esperando el llamado y el grito del espíritu y el huracán que me arrastre con sus nubarrones estremecedores.

 

\"Joreman\"- Jorge Enrique Mantilla- Bucaramanga agosto 03-2026