Desnudo, aislado, cansado de hacer siempre lo mismo.
Sin proyecto, sin futuro, sin la inquietud de un niño.
Sin ganas, sin motivo, viendo cómo todo sigue su rumbo.
Observando, masticando lo que solo habita en uno mismo;
sintiendo, percibiendo, la desazón dueña de las entrañas.
Sin alegría ni tristeza, solo su presencia:
desazón y apatía, de esto va un mal día.
Y aun así, un día más, solo, emancipado, afortunado...
con la libertad de un niño que se hizo adulto.