Carlos Baldelomar

+ ACUARELAS +

Es común que las penas
tengan la mala costumbre de los gatos
de fugarse por los techos de noche,
y que algunos domingos
sean como esas ruinas de casas
con sus últimas tejas.

Es común que la memoria,
cuando se queda a solas,
tenga vocación de artista
y pinte sobre los días pasados
un invierno de acuarelas.

Entonces pasa que te recuerdo los ojos
escandalosamente brillantes,
o me convenzo al final del día
de que tu boca
era una bandeja de fresas
empalagosamente dulces.

Es común que te extrañe,
escarbar en las tardes excusas,
arañar de tu imagen el nombre
y decirlo despacito,
como alargando el camino
de vuelta a tu ausencia.

No sé si hoy te pienso porque es de noche,
porque parezca uno de esos domingos,
o simplemente
porque me gusta recordarte mejor de lo que fuiste.

Es común, después de todo,
abrir las puertas por las tardes,
colgar repisas en las esquinas
para hablarle bajito a algún santo,
creer que allá  arriba
o tal vez afuera alguien nos escucha,

aunque sepamos de sobra
que nadie vendrá aquí 
a salvarnos.