Es común que las penas
tengan la costumbre de salir de noche
y que los domingos
tengan la apariencia de un nido vacío.
Es común
que la memoria nos haga trampa
y le ponga tantas acuarelas al pasado.
Entonces pasa que te recuerdo los ojos
escandalosamente brillantes,
o me convenzo de que tu boca
era una bandeja de fresas
empalagosamente dulces.
Es común extrañarte, lo admito,
y buscarme excusas para rellenar esta falta.
No sé si te pienso porque es de noche,
o porque sea domingo,
o simplemente
porque me gusta recordarte mejor de lo que fuiste.
A lo mejor, después de todo,
no es más que una manera mía
de extrañar a muerte
algo que, de tan perfecto,
ni siquiera existe.