Anita del Perú.

¡Ay! ¡Corazón!.

 
¡Ay!, ¡Corazón!. 
 
 
 
Ay, corazón, deja de latir por quien ya tiene dueño, o tal vez un alma rota que no guarda ni un pequeño sueño. Duele tanto este silencio, este amor que llega tarde, un latido que se apaga mientras la ilusión arde.
 
 
Ay, corazón, deja ya de sufrir y  latir como loco  no persigas sombras ajenas. Si su alma ya tiene dueño, o está rota entre sus penas, guarda el eco de este anhelo y descansa en tu condena. 
 
 
 
 
Anita del Perú