José Honorio Martínez Ochoa

El aire irreparable

El aire irreparable

En la mañana soy feliz.

En alguna parte del naufragio,
el verano es agua innumerable,
es horizonte
como el pájaro sobre la arena.

Después,
tu boca es aire en la piel,
es canto en la rodilla del silencio,
es guitarra
en la pradera de mis cuerdas.

Desde mi corazón
alerto los fusiles sobre tu mirada
y me nutro de tu memoria.

Acarreo tu voz
con el murmullo fatigado.

Mi pecho se llena de palabras.
Suavemente busco en el mar
el aire irreparable
y cruje el amor en nuestras vidas
entre la nube de un suspiro.

Apunta el fusil
que nutre nuestros ojos.

La memoria es tibieza
para respirar.

Este amor que no se aleja
permanece en la piel,
en la respiración de la tarde,
en los gestos de tus mejillas,
que son ramas que se mueven
y se desatan.

Los ojos se abren
como signos de corderos.

Y mientras tanto,
tu voz atraviesa el silencio
como una guitarra
que todavía recuerda mis manos.

El viento hincha la felicidad,
la levanta sobre el mar
y la lleva hacia el horizonte.

En alguna parte del naufragio
seguimos siendo verano,
agua innumerable,
dos cuerpos respirando
el mismo aire irreparable.