Hastiado de mí mismo,
de este cuerpo y sus caprichos,
de esta mente y sus demonios,
cadenas de cal y jaula de metal.
¿Por qué es tan difícil soltar?
Si solo pudiera
morir un instante,
tan solo un instante,
lo que dura un suspiro...
Si me dieras un latido,
-con uno bastaría-,
me sobrarían motivos,
para amar sin motivos.
Para vivir en un segundo
todo lo que nunca he sido,
y matar en un segundo
todo lo que siempre seré.