Franjablanca

๐Ÿ™ Perdรณn๐Ÿ™

No sé medir la pasión.

¿Y el deseo, quién lo mide?

¿Quién calcula la ilusión?

¿Qué magnitud la decide?

Cuantificar la emoción

y saber qué pautas sigue...

Un beso, una inspiración,

¿por qué patrones se rigen?

 

Aplicar la ciencia pura

pone luz en los asuntos

si continúas la lectura

después de estos dos puntos:

 

La métrica solo rinde

las cuentas a tu horizonte

cuando se acerca a la linde

donde Venus tiene un monte.

Constato la magnitud

de tu cuerpo mensurable

en virtud de la virtud

del placer más deseable

si tu silueta comienza

a convertirse en contable

cuando rodeo tu figura

de los pies a la cabeza.

Al abrazar tu cintura

y tus piernas alargadas,

demuestro la cuadratura

y obtengo tus coordenadas.

 

Y me sobran las palabras

para pasar a los hechos

por ese surco que labras

con un compás en tus pechos.

 

No me pidas un masaje

comenzando por la espalda

para que así te relaje:

es un relax que se salda

en la cuenta más perversa

con desenlace fatal,

estableciendo una inversa

relación proporcional

entre tu relajación

y mi excitante tensión

cuando desciendo a la zona

donde ya no soy persona

que contenga la razón.

 

Llevado por la pasión

que acumula tal voltaje

dentro de la habitación,

al desabrocharte el traje,

cometo en la medición

un error de paralaje,

y terminamos la unción

haciendo que todo encaje

con la misma precisión

que tiene un verde follaje.

 

Nota:

 

Me niego a calificar

el poema como erótico.

Si leéis hasta el final,

será fácil comprobar

que más bien suena robótico,

pues, debido a mi insolvencia,

tiré de la Inteligencia;

no la mía, ¡menos mal!,

sino de la Artificial.

 

Meo mi culpa con la tranca

si en cada verso me atranco,

pero siendo Franjablanca,

normal que me quede en blanco.

 

Abogo a vuestra paciencia.

Sintiendo mucho este lapso,

os rogaría indulgencia.

Y perdón por mi retraso ๐Ÿ™