Hablemos claro: el amor
de ahora es demasiado
breve o demasiado ancho.
No tiene las medidas de una plaza,
pero tampoco las de una habitación.
Entonces no es que la vida
tenga que ser larga o corta:
dura igual siempre el
momento exacto.
No es que no tengan
en dónde sonreír los pulcros,
pero tampoco tienen
en dónde llorar.
Hay que caminar ciertos paisajes
para encontrarlo;
pero ella me dio la explicación:
que todo tiene su afán,
que la vida le debe a su ser
lo sencillo del amor,
la franquicia del amor.
En esta plaza yo me reduzco
a un pobre mendigo
debajo de un naranjo,
sobre un banco
de una tarde cualquiera,
con los pies en el aire...
pero igual se confirmaría la vida.