Imponerme al destino del mundo.
Es como pensar que algún día no llegará la muerte.
Construir tierra sobre tierra ya existente.
Extraer arcilla del suelo para convertirla en ladrillo y construir tu suelo.
Usar el tiempo como combustible para seguir construyendo.
O emplearlo para destruirse grano a grano, hasta ser una playa sin arena.
Hundirse en el placer mundano y esquivar las balas de la realidad.
O caminar sin miedo al tropiezo, aunque la acera nos quiera cortar los