aurelia ludena

Impredecible tú…

Aquel que llega en la niñez,

lo que no se pudo comprender,

en la tímida sombra de un dulce sentimiento

que crecía cada día,

y no saber qué es…

 

Un dulce beso en la penumbra de la tarde

será recordado para siempre

en mi corazón y el tiempo.

 

Te veía tan distante

en mi mente y mis ilusiones,

frío y ausente frente a los demás…

rompiendo barreras en algunos momentos

para verte a solas conmigo.

 

Intimidad que nacía entre miedo y verdad,

donde éramos tú y yo,

donde no existían los demás.

 

Recordándote de algún lugar olvidado por la vida,

y el aroma al pasado me une

en este increíble momento

y me da paz…

 

No quiero entrar a tu mundo ambiguo,

desconocido para mí.

No quiero respuestas a medias,

desde una narrativa cerrada

por miedo a tu vulnerabilidad.

 

Tu respuesta fue:

“¡Yo soy así!”

 

Y no te juzgo.

Te entiendo.

 

Me atrevo a cruzar una vez más

el umbral al vacío incierto de tu silencio.

A preguntarte:

“¿Cómo estás?”

No quiero creer en mis fantasías de cuando joven…

Sí, han pasado décadas por mí.

He vivido, he sufrido

y valoro lo aprendido.

 

No importan todos tus deseos,

tus locas ideas para hacerme feliz.

No existe un puente permanente,

solo existen los encuentros

cuando la vida lo permite.

 

Y sucedió.


Solo quería escucharte,

sentirte

y fundirme en tus brazos…

 

Gracias por haber existido en mi vida.

Gracias por la verdad

que por fin pudimos compartir.

 

Comprendí que el amor no siempre termina

cuando termina la posibilidad

de una vida juntos.

 

Ahora tengo suficientes respuestas

para que mi corazón descanse.

 

Historia de lo que no pudo ser

y se convirtió en una historia

de “lo que sí fue”.

 

Seres que esperaron años

para poder mirarse con honestidad

y decir una simple verdad.

 

Mi recuerdo encontró un lugar donde descansar.

 

Despedirse,

sabiendo que el tiempo se va…

 

El amor que soy

lo proyecté en ti.

 

Te dejo mi esencia en un suspiro.

Me llevo tu voz,

tus caricias…

 

y un adiós.