Columnas y colmenas…
amontonando piedras,
alineando colinas,
despoblando mi memoria.
Pensando, pensando, pensando.
Vacío, pero lleno de resquemores punzantes.
Hambriento de ti,
muerdo el anzuelo del aire ausente.
La madrugada
—apuntalada en la hora más sangrienta—,
inquieta, convulsa,
tiene las muñecas maniatadas.
Y excavando mis adentros,
desentierro tu nombre
hasta hacerme sangrar.
Extrañándote.
Odiándome.
Pensando.
Pensando, pensando, pensando…