Columnas y columnas...
amontonando piedras,
alineando colinas.
Pensando. Pensando. Pensando.
Hambriento de ti,
muerdo el anzuelo de tu nostalgia.
La madrugada —apuntalada en lo alto de la noche—, inquieta,
amarrada de las muñecas.
Y ahuecando mis adentros,
desentierro tus recuerdos
hasta hacerme sangrar.
Extrañándote,
odiándome,
pensando.
Pensando. Pensando. Pensando.