Tantas veces te ame sin reconocerte,
te supuse mía sin saber quién eras,
quienes éramos entonces,
nosotros, aquellos.
Te vi llegar a mi cielo como una gaviota
con tus alas abrazabas la tarde
y en ella no te reconocía nadie:
En el crepúsculo atravesabas
por el centro de mi alma:
donde estabas entonces,
hacía que soledad volabas?
Fui nombrando tu cuerpo,
arrojándolo desesperadamente a mis brazos
tu soledad fue mi patria
y en ella tal vez llegue a morir
sin saber realmente quién eras.
Silencio a silencio, golpe a golpe
mi sangre corrió buscando tu tacto,
una vida que sobrara entre tantas miradas
en las cenizas olvidadas de algún corazón.
A veces te encontraba sola en mi piel,
olvidada, intacta, disfrazada de nostalgia,
sobreviviendo...
A veces en cada lágrima,
en el camino donde no estabas
y de esa muerte,
aquella brevedad de la memoria.