Entraste sin avisar y en silencio a mi corazón para quedarte ahí, esperaste el instante perfecto para mostrar que estabas dispuesto a ver mi tristeza y sin dudarlo me hiciste vibrar de una inexplicable y confusa manera y fui otra vez yo. Me sostuviste solo un instante breve y quede sin cicatrices esperando solo la suavidad de tus palabras que llegaron para conectarnos.
Fue justo al conocerte que entendí que mi herido corazón es tan puro y volvió la paz a mi otra vez, y no me canso de pensar en la extraña formar que te encontré, en como pude confiar en un segundo sin saber a quién le contaba todo mi dolor, un extraño, un desconocido que me abrazo a la distancia y la paz que me deja en cada palabra nos hace únicos.
Si tuviera que justificar la frase “no es el tiempo, es la conexión” definitivamente hablaría de ti. Y entiendo que no es que te tendré para siempre en mi vida, pero se en el fondo de mi alma que quizás en otra vida anterior ya estuviste a mi lado y ahora solo el destino me ha vuelto a dar la oportunidad de sentir, de amar, de soñar que quizás si puedo ser tu alma gemela.