Los días de tus menos dos palabras estrangulan los métodos, en tanto
las más dos mías hacen aguda requisición
del vacío en las manos, y un mordaz recuento de los daños.
Son incoloros por inherentes, al por qué de mis respuestas, malditas pordioseras de tus preguntas.
Bajito escuchó tu oído al trueno sonar de esta campanilla, seca ya, de tu isotónica palabra.
No hilaré ni una sílaba...
Bajito será el paso de mi cansado pespunte.
Te deberé el portazo.
Prometo ponerme a cuentas,
cuando notes
tu triste sorpresa
flotando sobre ese charquito de estrellas...
El de un adiós sin interlocutor
que será tapete de bienvenida
en el huérfano recibidor
de la nunca despedida.
Amén
Yamel Murillo
Cloroformo, papel y pluma©
D.R. 2010