Hoy no es solo otro día
es el día.
El día en que la depresión por fin aflojó su agarre,
después de envolverme
tan fuerte
que olvidé lo que se sentía respirar.
El día en que me admití a mí mismo
que no podía seguir luchando por ti
sin perder lo poco que quedaba de mí.
El día en que vi con claridad
que el amor no debería costarme la dignidad
y sin embargo, en algún punto del camino,
la había entregado por completo.
El día en que entendí
que no estaba roto solo por nosotros,
sino hecho pedazos en lugares
donde ya no quedaba nada que sostener.
Y aun así…
hoy hay luz.
Donde hace una semana solo había oscuridad,
solo silencio,
solo el eco de tu ausencia
hoy existe algo más suave.
No es paz, no todavía
pero es el comienzo de ella.
No te culpo.
Porque en algún lugar entre amarte
y tratar de no perderte,
dejé de amarme a mí mismo.
Y en esa rendición silenciosa,
desaparecí.
Qué difícil es amar
cuando la otra persona no está,
cuando el amor sigue vivo en uno
pero ya no tiene dónde quedarse.
Pero hoy…
me quedo con la lección.
Que el amor nunca debería pedirme desaparecer.
Que tengo derecho a elegirme,
incluso cuando duele.
Y que perderte a ti
no significa
que tenga que perderme a mí también.