En medio de la sombra y del tiempo viajero,
donde el bien desfallece y la verdad se calla,
se levanta el alma firme, cual faro marinero,
que ante la injusticia del mundo no desmaya.
No la doblan engaños ni falsos pedestales,
pues teje su destino con hilos de equidad;
navega sin herirse por los mares más brutales,
escudando su camino en la pura verdad.
Ni el dinero que corrompe, ni el halago pasajero,
pueden cruzar la coraza de su pecho incorruptible;
pues ha hallado la lección del sabio y el guerrero:
que quien camina en lo justo es un ser
invencible
.
Es allí, en la cima de una luz que nunca muere,
donde el espíritu vence a la humana prisión;
pues quien actúa con justicia, nada ni nadie lo hiere,
se torna imbesible: libre de vicio, invicto en su razón.
Desvela la paradoja del sabio y del soldado,
al grabar en la piedra una lección vital:
un hombre libre de su deber es un hombre esclavizado,
pero el hombre justo en su deber se vuelve inmortal.
JTA.