No esperaba enamorarme,
es culpable tu sonrisa
con aires de suave brisa
que se asomó a conquistarme,
con afán logró abrasarme,
mi anhelo en su travesura
se colgó a su curvatura
y fue cautivo confeso
con ardoroso embeleso
rebosante de ternura.
Autor: Martha Irene Sánchez
Managua, Nicaragua