Patricia Aznar Laffont

A mi hijo Pablo

Hijo, vivirás tu vida,

Alegrías, tristezas, rencores.

“No te asuste, no te impresione”

Conocida ya la ardua tarea de vivir

Sé que hallarás cardos y flores

Y quizás encuentres un hueco como yo

Para encerrar tus llagas, tus fuegos,

tus tormentas, tus dolores.

Blancas espumas en bálsamo

 para vos ya he preparado.

Sabés? Tu mamá

siempre estará junto a vos,

(Yo, esa loca, alucinada viajera)

Para atemperar todas tus noches y soles.

Echaré bálsamos dulces y puros

A todas tus heridas

y sanarás entre mieles y sedas.

Comprenderé todo tus incomprensibles.

Apagaré suave, dulcemente todas tus heridas

Y transformaré en dulces brisas tus huracanes.

Hijo, no es tan malo vivir,

Sentí, respirá profundo

todas tus alegrías y tormentas

Sabés? Serás más hombre que el resto

Oirás la música de las almas

Su candor o su defecto

Sentirás la belleza y la magia

Lo definitivo, lo imperfecto.

Hijo,“no te asuste, no te impresione”

Serás amanecer y ocaso

Sol y luna, un firmamento estrellado

El contraste, la armonía.

A tu paso firme o vacilante

Que ya empezaste a transitar

Allí, presente, silenciosa, oculta,

Estaré siempre yo, tu madre

Viviendo en tu corazón o en tu memoria

Estaré en el titilar de esa estrella

En el brinco de una ola en el océano

En la brisa murmurante

que te acerque a mí, y que susurre a tu oído:

“No te asuste, no te impresione”

Yo soy, vos sos uno solo, uno mismo:

¡nuestra sangre!

Aquí estoy hijo fundida en vos

Hecha cielo, mar y soplo

¡Decidida, muerta o viva,

y jurando ante Dios para siempre refugiarte!

 

(Patricia para su hijito Pablo)