Hijo, vivirás tu vida,
Alegrías, tristezas, rencores.
“No te asuste, no te impresione”
Conocida ya la ardua tarea de vivir
Sé que hallarás cardos y flores
Y quizás encuentres un hueco como yo
Para encerrar tus llagas, tus fuegos,
tus tormentas, tus dolores.
Blancas espumas en bálsamo
para vos ya he preparado.
Sabés? Tu mamá
siempre estará junto a vos,
(Yo, esa loca, alucinada viajera)
Para atemperar todas tus noches y soles.
Echaré bálsamos dulces y puros
A todas tus heridas
y sanarás entre mieles y sedas.
Comprenderé todo tus incomprensibles.
Apagaré suave, dulcemente todas tus heridas
Y transformaré en dulces brisas tus huracanes.
Hijo, no es tan malo vivir,
Sentí, respirá profundo
todas tus alegrías y tormentas
Sabés? Serás más hombre que el resto
Oirás la música de las almas
Su candor o su defecto
Sentirás la belleza y la magia
Lo definitivo, lo imperfecto.
Hijo,“no te asuste, no te impresione”
Serás amanecer y ocaso
Sol y luna, un firmamento estrellado
El contraste, la armonía.
A tu paso firme o vacilante
Que ya empezaste a transitar
Allí, presente, silenciosa, oculta,
Estaré siempre yo, tu madre
Viviendo en tu corazón o en tu memoria
Estaré en el titilar de esa estrella
En el brinco de una ola en el océano
En la brisa murmurante
que te acerque a mí, y que susurre a tu oído:
“No te asuste, no te impresione”
Yo soy, vos sos uno solo, uno mismo:
¡nuestra sangre!
Aquí estoy hijo fundida en vos
Hecha cielo, mar y soplo
¡Decidida, muerta o viva,
y jurando ante Dios para siempre refugiarte!
(Patricia para su hijito Pablo)